Después de tanto tiempo. Un silencio desde la dicha. Una dicha que ya no necesitaba describirse. Cuando lo había entendido todo mal. No es la felicidad la que agota las palabras. Es la propia idea de que solo se habla desde el dolor.
Y leo una y otra vez las palabras que ya había escrito, y las disfruto. Me devuelven en pequeñas líneas a un momento, a una emoción, que, en algunos casos, se esclarecen tras el paso del tiempo. Esa emoción que en su momento se mostraba por un impulso. Como lo que ahora escribo.
Deseo en el fondo que haya una persona de fondo, que lo leyera, lo compartiera y se creara una complicidad. Pero eso era el velo del deseo. Tras ese deseo, existe otro deseo. El deseo de ser admirado, de llegar a todos en todas partes.
Si llegaron esas palabras, fueron queridas y ahora lo se. Aunque no supe devolver ese amor, cuando era mi tema obsesión. Ahora ya puedo entenderlo. Tantas oportunidades perdidas. Espero que esto sea madurar.
Aun quiero conectar, compartirme con el mundo. Como lo queremos un poco todos. Ser comprendidos y admirados. Sentirnos amados.
Claro que hablar únicamente desde el deseo si que deja de lado la felicidad.
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