The Fox


He tenido un sueño contigo la ostia de guapo, creo que nunca ninguno tan chulo.
Estaba entre dos rocas atrapada y pude ver el bosque un poco. Grité y los pasos se fueron oyendo cada vez más intensos. No me asustaron aunque no sabía que se acercaba. Y luego saltaste por encima de las rocas.
Entró un mensaje entre las grietas, y como no podía leerlo me lo comí.
Entonces ya no estaba en la cueva. Estaba sentada acariciando un zorro, que me hablaba de su familia. De que debía de cuidar de ella porque era lo único que vale la pena conservar.
Veía a lo lejos entre los árboles un abrigo negro. Te dejabas ver y eso me hacía reír mucho, a carcajadas.  Llevabas la máscara de zorro y en mi mano agarraba el pincel.
Nos sentamos mientras vimos como se hacía de noche y las estrellas brillaban. Esa máscara formaba ya parte de ti.
El viento empezó a soplar fuerte y me hablaste de una exposición que inauguraban en la ciudad. Debías ir a buscar a alguien que te esperaba. Cogimos un camión lleno de piedras y de cuerda, y llegamos allí.
Todos estaban peleando y gritándose. Con tus manos abriste camino entre la gente. Yo debía seguirte, pero no lo hice; alguien debió gritarme. Terminé sola, con la máscara en la mano izquierda y el pincel roto en la derecha.
Vi como una mosca quiso enredarse en la tela de una araña: "una vida que tenía que dejar atrás, de igual modo tenía que morir", pensé.
Al regresar a mi tela de araña - las rocas -, con el pincel roto y la máscara puesta, traté de dibujar una y otra vez tu cara. Sin parar hasta conseguirlo.
Deseé que tu boca dibujada me tragara de nuevo. Esas cosas se saben cuando suceden, porque allí dentro nada malo podría ocurrirme. Además tarde o temprano regresarías a por mi.

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