Paseos.

Me quedo parada mirando a mi derecha. El paso para peatones aun no se ha puesto en verde.
A lo lejos los veo marcharse con pausa, iluminados por una tenue farola que emite una luz anaranjada, creo que la farola esta cansada de siempre el mismo color. Ellos se miran , se paran delante de un escaparate. Y entonces es cuando vuelvo a sentirlo, me estremezco.
La luz verde da paso a los peatones y yo cruzo, mas en recto que nunca, erguida y a la vez recostada sobre mi misma. Cada paso es sentido, cada soplo de viento que mece mi pelo es sentido. No siento ningún otro movimiento, al menos en un radio de 300 metros. Pero eso no lo puedo saber. Las casas parecen muros insonoros, emitiendo su propio zumbido. Son las guaridas de canales, son las guaridas de panales. Solo puedo imaginar millones diminutos puntitos: azules, blancos y naranjas entremezclados como una cadenas polipeptídica, viajando, de aquí para allá, de allá para acá. Siendo parte de todo un gran cuerpo en movimiento. Y entonces me vuelvo a estremecer, miro al frente y allí los veo de nuevo, parándose en frente de un escaparate, iluminados con una tenue luz anaranjada.

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