Reloj de arena

Todas las noches hay un hueco para ti y para mi. Sobre un montón de piedras escalonadas,
pero no querrán posarlas solamente.
Acercándome por la ventana pretendí oir por primera vez el silencio,
de la nada, de lo no latente, de lo infinito.
No te olvides las llaves, se quedarán colgando.
Arriba vivió una señora que tenía el pelo gris.
La vergüenza era simple pero intensa, las mañanas sin embargo
no eran como todos creían. Siempre se asomó un rayo y lo dejé ver.

Ahora, todo me sabe a poco y sal.

1 comentario:

mono magnético azul dijo...

patxi, me gusta tu poesía y ahora te quiero más. algún día volveremos a las andadas. aver cuanto duras en aquel lugar lejano. pero vendrás de vısıta a cuenca de vez en cuando, no? aunque sea para hacerte una foto que tengo pensada, del otro día que estuvımos en la carretera de noche, buscando el templo céltıco.
por que creo que el año que viene me voy para ayá. allí me esperan unas cuantas cosas. todavía puedo aprender más.
un beso gordo