A la edad de 16 años, mi hermana mayor me pasó un disco con una recopilación de las canciones más oídas de Mecano, por unas semanas creí que era el mejor disco que había llegado a mis manos. De echo creo que no había canción que no me gustara, y además ellas hablaban de una manera u otra de hechos relacionados con mi propia vida. Toda la felicidad duró poco más de un mes cuando, en una tarde cualquiera, mientras bailaba con todo mi furor, encontré el problema.
Hoy, han pasado 15 años desde que empezó. Me miro al espejo, y pienso si salir o no. No soporto mi presencia, todo me da vueltas, la gente sé que me mira, y no puedo apartar de mi vida la imagen superficial que me rodea. ¿Qué hago?
El problema me recorre por la arteria y la asfixia por las venas. Siento que me ahogo.
Me voy a tumbar en mi cama y aunque me repita "no voy a pensar, no voy a pensar".
Pasaré la tarde pensando en ella, en lo único que abre una luz en mi corazón. Sus ojos, me recuerdan a la luna, pero la luna me recuerda al problema.
Prefiero la obesidad, o incluso la delgadez extrema, preferiría morir a mirar mis espejos , pero ya no los tengo por la casa, las piedras se encargaron de ellos. Tal vez me rodeen años de mala suerte.
Me voy al sofá; seguro que hay algo bueno en la tele, puede que pongan mi serie favorita. Ya está, la tele.
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